¿Y si además de enseñar contenidos, enseñáramos a sostenernos con dignidad en el mundo?
Todo parte del respeto
Desde el primer día de tutoría, elijo construir el curso sobre un valor que considero esencial: el respeto. Pero no lo presento como una norma ni como un lema de pasillo. Lo despliego como una raíz que da lugar a tres ramas, tres formas de vivirlo.
Porque el respeto no es solo una palabra que suena bien. Es un acto cotidiano. Una brújula. Un sostén.
Respetarte es cuidarte
Empezamos por dentro.
¿Qué significa respetarse a uno mismo?
Les digo a mis alumnos que es aprender a tomar decisiones que sumen. Que nos hagan estar lo mejor posible. Y no hablo de estar “feliz” todo el tiempo, sino de buscar estar sanas, descansados, conscientes, serenos. Con el cuerpo en movimiento y la mente despierta. Con espacios para el silencio y tiempo para lo que importa.
Respetarte es preguntarte, antes de actuar: ¿esto me acerca o me aleja del bienestar que quiero para mí?
Es elegir con intención. Es aprender a estar contigo sin dañarte.
A los demás, como mínimo, respeto
No tienes que llevarte bien con todo el mundo. No pasa nada si alguien no te cae bien. Pero eso no te da permiso para faltar al respeto.
Les explico que con “los demás” me refiero a todas las personas. Sin etiquetas. Sin condiciones.
Pequeños gestos —un saludo, un permiso, un gracias— sostienen una convivencia más amable. No juzgar, no ridiculizar, no ignorar. Porque todos merecemos dignidad. Y porque la forma en que tratamos a los otros también habla de cómo nos tratamos por dentro.
Respetar el mundo que habitamos
La tercera rama es el respeto por el entorno. Nuestro entorno más amplio: el planeta.
No podemos hablar de bienestar sin hablar del lugar que lo hace posible. Si contaminamos el agua que bebemos, si destruimos los ecosistemas que nos alimentan, ¿de qué tipo de respeto estamos hablando?
Respetar la Tierra es, también, respetarnos como especie. Es un acto de amor hacia quienes vendrán.
De aquí, todo lo demás
Desde estos tres pilares —yo, tú, el mundo— se ramifican los temas que abordo en tutoría.
Hablamos de asertividad, porque expresar lo que siento sin herir es una forma de respeto. Exploramos la educación financiera, porque vivir bien en el mundo también requiere entender cómo funciona. A veces hablamos del tiempo, de la amistad, de la tristeza. Siempre desde esta raíz común.
No todo se puede medir, pero todo se puede cuidar.
¿Y si educar fuera enseñar a vivir con respeto?
Tal vez esa sea una de las cosas más urgentes. Porque una vida respetuosa es una vida más habitable. Para uno mismo, para los demás, para el planeta.
¿Y tú? ¿Qué forma toma el respeto en tu vida cotidiana?
Gracias por leer. Con tiza, corazón y preguntas.

Deja un comentario