Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Adolescencia, ¿terremoto que construye?

Adolescente de espaldas caminando por un sendero en el bosque al amanecer, simbolizando el proceso de cambio y búsqueda interior.

Querida adolescencia… ¿para qué estás aquí?

Antes de hablar de cosas serias —o no—, de todo lo que podrías aprender, vivir o tener en cuenta en este proceso, es importante saber qué es ese proceso. Qué te está pasando. Por qué.

Te habrán contado algo en Biología (o deberían) sobre que el desarrollo se divide en etapas: infancia, juventud, adultez y vejez (o carca, si lo prefieres). Pero lo que a veces no se explica es lo que ocurre entre la infancia y la juventud: ese terremoto vital llamado adolescencia.

Tu cuerpo empieza a transformarse

En algunas especies, como la nuestra, hay un periodo de cambios brutales en poco tiempo. Cambios físicos: pelos por tos’ laos’, bultos inesperados, hormonas a lo loco… y un cuerpo que empieza a parecerse más al de una persona adulta, aunque tú aún no te sientas así.

Toca adaptarse. A nuevas dimensiones. A nuevas sensaciones. A veces da vergüenza, otras veces rabia, otras miedo. Pero relax, de verdad: a todas las personas les ha pasado. No eres un bicho raro.

Tu mente se llena de preguntas

También cambia tu forma de pensar. Pasas de ser un niño o niña pegado a las personas que te han cuidado, a empezar a cuestionarlo todo. Te haces preguntas abstractas:
¿Qué sentido tiene estudiar tanto?
¿Esto es lo que quiero?
¿Realmente esto me sirve?

La ciencia le llama “poda neuronal”, pero tú puedes llamarlo como quieras. Es una limpieza interior: eliminas lo que ya no encaja y haces hueco para nuevas formas de ver el mundo.

Empiezas a alejarte un poco de tu familia. Buscas tu sitio en el grupo. Los colegas se convierten en brújula y refugio. A veces por un trimestre. A veces para toda la vida. A veces para aprender a soltar.

Tu cerebro se reconfigura

Sí, literalmente. El cerebro adolescente está en obras.

Empiezan a activarse estructuras que te ayudan a razonar mejor, a reflexionar antes de actuar, a planificar. Cosas como:

  • Guardarte el dinero del bocata para salir el finde.
  • Estudiar sin que te obliguen (milagros hay).
  • Pensártelo dos veces antes de contestar con mala leche.

Todo esto es parte del desarrollo de tus funciones ejecutivas. Y se aprende ensayando, equivocándose, volviendo a intentarlo.

Por eso es tan importante que el entorno acompañe. Que no presione más de la cuenta. Que no ignore. Que no ridiculice. Que sepa que esto también es crecer.

Lo que te está pasando… tiene sentido

Con tantos cambios, es normal que a veces no te aguantes ni tú. Que sientas que todo se complica. Que nadie te entienda.

Pero sí hay salida. Y no estás sola. Ni solo.

Habla. Aunque cueste. Con quien tengas confianza: madre, padre, abuelos, amiga, profe, tutor. Aunque no lo tengan todo claro, estarán ahí. Comunicar lo que sientes es parte de aprender a vivir.

Tente paciencia. Todo pasa. La adolescencia, también.

Gracias por estar creciendo

Una vida sin adolescencia sería más fácil, sí. Pero también más pobre.

Estás cambiando, construyéndote, abriéndote paso.

Estás cambiando, sí. A veces a lo loco. Pero también estás empezando a saber quién eres. Y eso no es poca cosa.

Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, entendiéndote.


Descubre más desde Palabras que acompañan

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Deja un comentario