Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Cuando un regalo te recuerda quién eres

Cartas manuscritas de estudiantes como regalo de cumpleaños a su profesor

Y por qué te dedicas a lo que te dedicas…

Fue hace ya unas semanas. Mi cumpleaños pasó como otros años: con trabajo, con rutina… o eso creía.

Lo que no sabía era que un grupo de alumnas y alumnos —los de mi tutoría actual y los de ciencias de 4º, que fueron mi tutoría el curso pasado— estaban preparando algo. Algo que no podía envolver con papel de regalo, pero que me envolvió por dentro. Me sorprendieron con tarta, velas y cofre lleno de dedicatorias.

Me pidieron que me grabara leyéndolas. Y yo, persona de palabra, ahí que me puse la GoPro, bien acompañado. Y ahí estaban: decenas de frases manuscritas, llenas de cariño, agradecimiento, emoción sincera. Algunas me hicieron reír. Otras, casi, llorar. Todas, pensar.

Lo que dicen sus palabras… y lo que me hicieron sentir

Transcribí algunas frases en mi cuaderno de proyectos. No para presumir, sino para recordar. Para no olvidar qué es lo que de verdad importa.

“Este año he vuelto a creer en mí misma.”
“Gracias por no rendirte con nosotros.”
“Te esfuerzas por dar lo mejor de ti y crecer con nosotros.”
“Nos enseñaste que lo importante es ser buenas personas.”
“Gracias por creer en nosotros, incluso cuando nosotros mismos dudamos.”

Esas frases no son solo palabras bonitas. Son testimonio. Son reflejo. Son pequeñas huellas de algo que, a veces sin darnos cuenta, sembramos con cada gesto, con cada clase, con cada mirada.

Educar es dejar huella. Pero no en los papeles.

Ese día entendí algo que ya intuía: no siempre sabemos el impacto que tenemos. Y sin embargo, nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestra presencia tienen el poder de cambiar cosas por dentro.

En el vídeo que grabé —y que compartí en Youtube— hay una reflexión final que me salió sin filtro. Me vi más vulnerable de lo que acostumbro. Más humano. Menos «profe sieso». Y me alegra.

Porque el mundo ya tiene suficientes personas brillantes que dejan huella en informes, notas y documentos.
Lo que necesitamos son más personas que dejen huella en otras personas.

¿Y si tomáramos en serio ese poder?

Cada vez que educamos desde el cuidado, desde la humanidad, desde la autenticidad, estamos haciendo algo urgente. Algo necesario. Algo que trasciende el aula.

Ojalá nunca olvidemos el poder que tienen nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestra mirada hacia quien tenemos delante.

Ojalá sigamos educando y aprendiendo. Como equipo.

Gracias por este regalo, chicas y chicos. No lo voy a olvidar.

Y a ti, gracias por leer. Con tiza, corazón y preguntas.


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