No siempre sabes a dónde vas. Pero sí puedes decidir cómo caminas
Hay momentos en los que te piden que elijas. Qué estudiar. Qué camino seguir. Qué hacer con tu vida.
Y puede que no lo tengas claro. Puede que te sientas perdido, o con tantas opciones que no sepas cuál es la buena. Como si hubiera una sola. Como si equivocarte ahora fuera a arruinarlo todo.
Pero no. No es así.
Elegir también es mirarte
No sé en qué momento estás leyendo esto. Puede que tengas 15 años. O 17. O que estés acompañando a alguien que está ahí.
Sea como sea, hay algo que a veces se olvida: lo importante no es tanto qué eliges, sino desde dónde eliges.
Porque elegir con miedo no es lo mismo que elegir con sentido.
Elegir para complacer no es lo mismo que elegir desde lo que te mueve por dentro.
Y sobre todo, elegir sin saber quién eres… es como usar un GPS sin destino.
¿Qué tipo de persona quieres ser?
Antes que decidir una modalidad o una carrera, tal vez conviene hacerte otra pregunta:
¿Qué valores te representan? ¿Qué principios te sostienen?
Porque hay muchas formas de vivir, pero no todas se parecen a ti.
Y cuando eliges algo alineado con lo que valoras —la justicia, la curiosidad, la creatividad, el cuidado, la honestidad…— no solo caminas con más claridad. También te respetas.
Esto no va de tenerlo todo claro. Va de vivir en coherencia.
De saber que si algo no encaja contigo, no tienes por qué quedarte ahí.
Y que si eliges desde lo que te importa, te sentirás más en casa, estés donde estés.
Dos formas de caminar
A veces sabes a dónde quieres llegar.
Tienes un sueño, una idea, una meta. Algo que te ilusiona.
Entonces, elige el camino que más te acerque. El que te forme. El que te rodee de personas que te inspiren. Pero no te aferres: el destino puede cambiar. Y eso también está bien.
Otras veces, no sabes. No ves claro qué quieres “ser de mayor”.
Ahí, puede ayudarte esta idea: sé microambicioso.
No hace falta planear los próximos diez años.
Basta con mirar el siguiente paso.
Y que ese paso tenga sentido para quién eres hoy.
Tu brújula está dentro
Hace poco, en tutoría, hicimos un ejercicio llamado “Mi brújula personal”.
No era para decidir el futuro.
Era para conectar con lo que de verdad importa.
¿Quién quiero ser cuando nadie me mira?
¿Qué momentos me han hecho sentir en paz conmigo?
¿Qué cosas me emocionan, me indignan, me mueven?
Ahí hay pistas. Porque cuando vives desde tus valores, el camino se construye solo.
Y aunque no sepas adónde vas, sabes cómo caminar: con respeto, con valentía, con fidelidad a ti mismo.
Y si te sirve un consejo…
No intentes acertar.
Intenta caminar con honestidad.
No elijas lo que te asegure el éxito.
Elige lo que te haga sentir presente, curioso, vivo.
Y cuando dudes (porque dudarás), vuelve a ti.
Vuelve a tu brújula.
A eso que tú sabes que importa, aunque nadie más lo vea.
Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, eligiendo.

Deja un comentario