Hay días en los que te miras… pero no te ves.
O sí te ves, pero con ojos prestados. Los del algoritmo, los de tu clase, los de esa cuenta que siempre parece ir dos pasos por delante.
Y empiezas a pensar que no llegas. Que vas tarde. Que no basta.
A veces, la adolescencia es eso: estar en plena construcción… mientras te están mirando.
Cuando el espejo no devuelve tu imagen
Compararse no es raro. De hecho, en el instituto, parece inevitable.
Lo hacen tus compas. Lo hacen tus profes. Lo hacen los adultos.
Y en redes… ni te cuento. Todo está editado, filtrado, exagerado. Hasta las vidas “normales” parecen pelis.
Pero cuidado. Compararte todo el tiempo es como mirarte en un espejo roto. Lo que ves no eres tú.
Son trozos: de miedo, de inseguridad, de expectativas ajenas.
Y cuanto más te mides con esa regla… menos te reconoces.
Lo que nadie ve desde fuera
Hay gente que parece tenerlo todo claro: su estilo, su gente, su futuro.
Y tú ahí, con tus dudas, tu caos, tus días buenos y los otros.
Pero ¿sabes qué? Incluso esa persona que parece tenerlo todo… también se compara.
También se pierde.
También siente que no basta.
Lo que pasa es que eso… no se sube a Instagram.
Lo que aparece cuando bajas el volumen
A veces, basta con parar. Apagar el ruido. Salir un día de las redes. No mirar. No compararte.
Y de repente, aparece otra voz.
Una que no grita ni exige.
Una que te recuerda quién eres cuando no estás actuando para nadie.
Esa voz no quiere que brilles más que nadie. Solo quiere que seas tú.
Con tus rarezas, tus silencios, tus heridas.
Con tu forma de sentir y estar en el mundo.
Una voz que dice: “Oye… así, tal como eres, ya vales.”
Tu valor no depende de destacar
No viniste aquí a ser mejor que nadie.
Viniste a vivir lo tuyo. A encontrar lo que te importa. A crecer a tu manera.
No hace falta ir más rápido, ni ser más fuerte, ni tener la vida resuelta a los 16.
A veces, quienes más brillan por fuera… son quienes más se pierden por dentro.
Y a veces, quienes van despacito… llegan lejos sin dejar de ser ellos mismos.
¿Y si mañana pruebas a no compararte?
Solo por un día. Solo por ti.
A mirar menos afuera… y un poco más dentro.
A escuchar esa voz que susurra, no la que exige. Tal vez ahí, justo ahí, empiece algo nuevo.
Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, sin compararte.

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