¿Te ha pasado alguna vez que, cuando algo te sale mal, te entran ganas de culpar a medio mundo?
Es humano. Pero también es una oportunidad. Porque hay momentos —especialmente cuando algo se tuerce— en los que puedes mirarte sin filtros y hacerte la pregunta que cambia el juego: ¿qué puedo hacer yo, diferente, para que esto cambie?
Cuando no te importa… ¿de verdad no te importa?
Imagina que has suspendido una asignatura. Lo primero que deberías preguntarte es esto: ¿te importa?
Si no te importa, sigue con tu vida. Pero cuidado. A veces creemos que algo no nos importa cuando en realidad lo que sentimos es miedo, vergüenza, confusión o agotamiento. Y como no sabemos qué hacer con eso, lo tapamos con indiferencia.
Revisa bien: ¿no te importa, o no sabes cómo enfrentarlo?
Corresponsabilidades sí… pero no excusas
Es verdad que hay factores externos que pueden influir. Un sistema educativo estresante. Familias sobrecargadas. Profesorado que también tiene sus límites. Incluso una sociedad que va a un ritmo que no siempre permite cuidar lo importante.
Pero una cosa es comprender los factores que te rodean, y otra es dejar que te definan.
Porque si siempre esperas que cambie lo de fuera para moverte tú… quizá esperes demasiado.
¿Qué puedes hacer tú?
Y aquí viene lo importante.
¿Qué podrías hacer tú, de otra forma, para que las cosas te salieran mejor?
Tal vez no puedas con todo. Pero algo sí puedes. Un pequeño cambio. Una decisión distinta. Una conversación incómoda. Una rutina nueva. Un paso hacia adelante, aunque sea torpe.
Eso es asumir tu parte. Eso es dejar de esconderte. Y eso, aunque cueste, también es libertad.
No juegues al escondite con la responsabilidad. Porque al final, no hay nadie más que pueda vivir tu vida por ti. Y si tú no das el primer paso, nadie podrá hacerlo por ti.
¿Y tú? ¿Cuál es esa pequeña cosa que podrías empezar a hacer distinto hoy?
Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, sin esconderte.

Deja un comentario