¿Qué harías si te dijeran que el tiempo no se recupera?
Piénsalo un momento.
No hay “guardar partida”.
No puedes volver atrás para vivir ese paseo, esa conversación, ese domingo sin prisa.
Lo sabes, pero a veces lo olvidas. Y no porque seas tonto. Ni inmaduro.
Sino porque estamos rodeados de cosas que nos hacen olvidar lo esencial: que lo que haces con tu tiempo, te lo haces a ti.
Cuando vives en automático
Hay días que se escapan sin darte cuenta.
Te levantas, vas al insti, haces lo que toca, llegas a casa, móvil, cena, cama… y vuelta a empezar.
No es que esté “mal”. No todo tiene que ser épico.
Pero… ¿cuánto de eso elegiste tú? ¿Y cuánto simplemente hiciste porque tocaba?
Porque cuando no decides tú, decide el ruido.
Stephen Covey —autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva— decía que mucha gente vive reaccionando en vez de eligiendo. Que va apagando fuegos, cumpliendo, sobreviviendo…
Y un día se da cuenta de que lleva años sin preguntarse si ese camino era suyo.
¿Te suena?
No puedes elegir todo, pero sí puedes elegir algo
Hay cosas que no dependen de ti: las normas, los horarios, las obligaciones.
Pero otras sí: lo que haces con tus 20 minutos libres. Con tu primer pensamiento al despertar. Con esa conversación que estás evitando.
No hace falta que cambies tu vida entera.
Basta con una pregunta diaria:
¿Esto me acerca o me aleja de lo que quiero construir en mí?
Si no sabes hacia dónde, empieza por conectar con tu brújula personal.
Porque al final, no se trata de hacer más.
Se trata de hacer con intención.
Lo urgente no siempre es lo importante
Hay tareas que chillan: un mensaje, una entrega, un drama en el grupo de clase.
Y hay otras que susurran: descansar bien, moverte, respirar, estudiar con calma, tener una charla pendiente.
Lo urgente te empuja.
Lo importante te construye.
Y como dice Covey, si no reservas tiempo para lo importante, lo urgente se lo come todo.
Entonces acabas el día agotado, con la sensación de haber hecho mucho… pero no haber vivido nada.
Ya lo dijimos aquí: una vida respetuosa es una vida más habitable.
Elegir no es una presión, es una libertad
Tienes derecho a estar cansado. A distraerte. A perderte un rato.
Pero también tienes derecho a elegir con conciencia.
A decir: “Esto me representa. Esto no.”
A reformular tu “tengo que” en “elijo”. Tu “no puedo” en “ahora no quiero”. Ya lo hemos hablado por aquí antes…
No todo se puede cambiar. Pero algo sí. Siempre algo.
Y a veces ese algo basta para empezar a sentirte más tú.
¿Y si te dieras 10 minutos para ti, cada día?
No para cumplir.
No para tachar otra tarea.
Sino para habitarte. Escucharte. Parar.
Puede ser escribir. Caminar sin auriculares. Sentarte al sol. Hacer nada, incluso.
Si te cuesta, aquí te conté por qué un diario puede ayudarte.
Diez minutos al día. Solo tuyos.
Para que el tiempo no solo pase…
sino que pase por ti.
Porque el tiempo no vuelve, pero tú sí puedes volver a ti.
Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, viviendo cada minuto.

Deja un comentario