Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Cuidarte a ratos…

Adolescente sentada junto a una ventana al atardecer, sosteniendo una manzana, con una mochila y un móvil apagado a su lado, en una escena íntima y cálida que evoca autocuidado y reflexión.

Hay un momento en la adolescencia en el que el cuerpo pide más.
Más energía, más descanso, más espacio, más calma.
Y al mismo tiempo, el mundo te lanza justo lo contrario: prisas, pantallas, ruido, presión, comida basura, comparaciones…

Parece que cuidarse fuera un lujo. O algo aburrido. O una moda que no va contigo.
Pero, ¿y si cuidarte fuera lo más revolucionario que puedes hacer?

Porque lo que haces con tu cuerpo, con tu atención, con tu descanso… también te lo haces a ti.

Comer con intención (y no solo con hambre)

Todo empieza por ahí: por lo que pones dentro.

Lo sé: en la máquina hay bollos que brillan como si fueran diamantes. En la tienda de la esquina, todo huele a ultraprocesado recién calentado. Y lo fácil, cuando vas con prisa, es caer ahí.

Pero fácil no siempre es bueno. Y tú no eres una papelera de calorías vacías.
Prepararte algo la noche anterior, traer fruta, llevar frutos secos, incluso hacerte un bocata con pan del que no parece gomaespuma… eso es decirte sin palabras: “me importo”.

Comer no es solo llenar. Es nutrir, dar energía, acompañarte.
Y eso —aunque no se vea en el espejo— también te construye.

Conectar con el mundo real

Cuando te alimentas mejor, te sientes un poco más viva.
Y desde ahí, tal vez también empieces a darte cuenta de cuántas veces estás ahí, pero no estás.

Pantallas. Más pantallas. Todo el día encendidas… pero por dentro desconectadas.
Es adictivo, sí. Y está diseñado para eso.

Pero también hay algo que empieza a cambiar cuando apagas.
Cuando dejas el móvil y levantas la mirada. Cuando escuchas una voz sin filtros. Cuando hablas con alguien y no tienes que poner emojis.

La presencia también alimenta.
La risa real. El paseo sin auriculares. El rato en el parque con gente de verdad.

No se trata de renunciar a lo digital.
Se trata de no perderte lo que pasa cuando estás de cuerpo entero.

Dormir no es rendirse, es reconstruirse

Y para estar de cuerpo entero… también necesitas descanso.

Dormir mal no es solo estar más cansada: es aprender peor, tener peor humor, enfermar más fácil.
El cuerpo adolescente —el tuyo— no solo necesita más sueño. Necesita que lo respetes.

¿La clave? Ritualizar el descanso.
Apagar antes. Luz suave. Móvil lejos. Respirar hondo.

Y por la mañana, lo mismo: no empieces el día a gritos ni con carreras. Levántate cinco minutos antes. Escucha algo que te guste. Regálate ese margen.

Dormir es darte tregua. Y sin tregua… no hay autocuidado que aguante.

Moverte para habitarte

Cuando comes mejor, duermes mejor.
Cuando te desconectas un rato, respiras.
Y cuando respiras… tal vez te apetezca moverte.

Porque sí: cuidar tu cuerpo también pasa por activarlo.
No hace falta gimnasio ni tablas imposibles. Basta con usarlo. Salir a caminar, estirar los hombros, bailar lo que suene, jugar con tu hermana pequeña, correr tras el bus sin que parezca una tragedia.

Demasiada silla, demasiado sofá, demasiada cama… y tu cuerpo empieza a apagarse.
Y tú no estás hecha para apagarte. Estás hecha para moverte.

El movimiento no es una obligación estética.
Es una forma de decirte: “Estoy aquí. Vamos juntas.”

No puedes cuidarte a ratos

Comer bien un día, pero luego dormir con el móvil bajo la almohada.
Ir al parque el viernes, pero estar toda la semana tirando de pantalla para comunicarte fuera del horario escolar.
Dormir mucho el sábado, y poco o mal el resto de la semana.

Cuidarse no es hacerlo perfecto.
Pero tampoco funciona bien si solo lo haces a ratos.
Porque el cuerpo, la mente y el corazón se cuidan en red.

Cuando mejoras una parte, las otras se van ordenando.
Y no necesitas hacerlo todo de golpe. Solo empezar. Escucharte. Elegir un área en la que mejorar. Decidir una pequeña acción, llevarla a cabo y sostenerla.

¿Qué gesto podrías hacer hoy por ti, sin excusas ni filtros? Solo por cuidarte como mereces. Porque no lo olvides nunca: te lo mereces.

Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, cuidándote.


Descubre más desde Palabras que acompañan

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Deja un comentario