Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

¿Por qué me cuesta confiar a veces?

Adolescente con el pelo hasta los hombros, de espaldas, tocando una ventana empañada en una habitación moderna y cálida al atardecer.

Hay días en los que te preguntas por qué necesitas tanta seguridad o por qué huyes cuando alguien intenta acercarse. Quizá sientas inseguridad en tus relaciones, o te incomode abrirte emocionalmente. No eres el único ni la única que lo siente así. Todos aprendemos a relacionarnos desde pequeños, y eso influye más de lo que imaginas.

En su libro «Maneras de Amar», Amir Levine y Rachel Heller hablan de algo llamado «estilos de apego». Básicamente, explican que la forma en que nos acercamos a los demás depende mucho de cómo nuestro entorno respondió a nuestras emociones cuando éramos niños. Pero no te preocupes, esto no es un examen: solo es una oportunidad para entenderte mejor y vivir relaciones más sanas.

¿Cómo aprendiste a sentirte querido?

Estilo seguro: Si tu estilo es seguro, confías en las personas y en ti. Te sientes cómodo tanto dando como recibiendo afecto, y aunque disfrutas estando cerca de otros, también sabes estar bien contigo mismo.

Estilo ansioso: Si eres más ansioso, seguramente te preocupe mucho que te quieran de verdad o que puedan dejarte solo. Necesitas muchas señales de cariño, y a veces esa inseguridad puede hacerte sentir angustiado.

Estilo evitativo: Si tienes un estilo evitativo, la cercanía emocional te hace sentir incómodo. Aunque en el fondo te gustaría conectar profundamente, terminas poniendo distancia por miedo al rechazo o al dolor.

No lo elegiste, pero puedes transformarlo

Tu estilo de apego no es algo que elegiste conscientemente. Se formó según cómo reaccionaban tus padres, tu familia o quienes te cuidaron cuando expresabas emociones o necesidades. Si te escuchaban y apoyaban consistentemente, probablemente aprendiste a confiar (estilo seguro). Si su atención era impredecible o insuficiente, quizá desarrollaste inseguridad (ansioso) o necesidad de distancia (evitativo).

Pero esto no es una condena. Es simplemente cómo empezaste a caminar. Lo importante es que ahora, en la adolescencia, (y durante el resto de tu vida, en realidad) tienes el poder de cambiar, suavizar o reforzar tu estilo de apego para acercarte poco a poco al estilo seguro.

Sanar es un viaje, no una exigencia

Mira lo que sientes sin juzgarte. Observa con cariño cómo reaccionas cuando algo te incomoda o te preocupa en una relación. No lo hagas para regañarte, sino para entenderte mejor. ¿Te angustias si no te responden pronto? ¿Sientes ganas de huir cuando alguien te muestra mucho interés? Verlo ya es un paso gigante.

Expresa lo que llevas dentro. Prueba a contar cómo te sientes aunque sea incómodo. Si eres ansioso, atrévete a confiar más y deja que los demás demuestren su afecto. Si eres evitativo, intenta quedarte aunque te cueste. Puedes empezar diciendo algo simple como: «Esto me cuesta, pero quiero intentarlo contigo».

Rodéate de calma y seguridad. Elige personas que te hagan sentir bien. No hace falta que las relaciones sean intensas para ser valiosas. Lo importante es sentirte seguro, aceptado y escuchado.

Relacionarte con quienes marcaron tu apego

Quizás ahora entiendas mejor por qué tus padres o quienes te criaron reaccionaban como lo hacían. No lo hicieron por hacerte daño, sino porque era la forma en que sabían hacerlo. La adolescencia también es un momento para acercarte a ellos desde otro lugar: el de la compasión y la comunicación.

Intenta hablar de lo que sientes sin culpar, simplemente compartiendo cómo vives tú las cosas. Puedes decirles: «Ahora entiendo algunas cosas sobre mí, y quiero hablar contigo de cómo podemos llevarnos mejor». No será fácil siempre, pero te sorprenderá cómo estas pequeñas conversaciones pueden transformar las relaciones familiares.

Un pequeño paso cada día

No tienes que cambiar de golpe. No necesitas tener ya el estilo perfecto. Solo recuerda que tienes derecho a relaciones que te hagan sentir bien, a estar tranquilo y seguro, y a abrirte sin miedo.

¿Cuál será el pequeño paso hacia la seguridad y la confianza que quieras dar hoy?

Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, aprendiendo a relacionarte mejor.


Descubre más desde Palabras que acompañan

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Deja un comentario