Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

¿Y tú, a quién estás observando?

Persona ambigua en cuanto a género observa en silencio un bosque dorado desde una ventana, en una escena cálida y reflexiva iluminada por la luz del atardecer.

Lo que vemos… nos construye

No todo lo que aprendemos viene preparado en apuntes o explicado con voz seria. A veces, lo más importante se nos pega sin darnos cuenta. Como una canción que no elegiste pero que se te queda en la cabeza. Como una forma de estar en el mundo que, sin saber cómo, terminas imitando.

Porque sí: aprendemos mucho más por lo que vemos que por lo que nos explican.

Nuestro cerebro, desde que nacemos, está programado para mirar, copiar, ajustar. Las neuronas espejo se activan cuando ves a alguien reír, llorar, actuar con valentía… o con miedo. Y así vamos construyendo también lo que sentimos posible, lo que creemos normal, lo que aspiramos a ser.

Por eso, aunque no lo elijas con plena conciencia, las personas que observas… te influyen. Te dan forma. Te dejan huella.

Entonces, quizás, conviene pararse un momento y preguntarse:

¿A quién estás observando? ¿Y por qué?

Modelos hay muchos. Faros… no tantos

En redes, en clase, en casa, en los pasillos, en los vídeos de motivación y hasta en los comentarios que lees… hay personas que te están mostrando una forma de vivir.

Algunos gritan mucho. Otros se muestran seguros, exitosos, invencibles. Hay quienes dicen tenerlo todo claro, y hay quienes hacen humor de su caos.

Pero no todos los modelos son buenos referentes. No todos los caminos que se repiten son caminos que llevan a donde quieres ir. Y no todo lo que brilla te guía. A veces solo deslumbra.

Creo que un buen referente no es quien te hace sentir menos o más. Es quien te inspira a ser más tú y menos como los demás -o como el mismo espera que seas-.
No es quien te empuja a competir, sino quien te da permiso para crecer.
No es quien te exige que cambies, sino quien te muestra que cambiar es posible… si tú lo eliges.

Y a veces ese referente no es alguien famoso. Es un profe. Es tu abuela. Es ese amigo que no se rinde. Esa autora que leíste una noche y te removió por dentro.

Lo que eliges mirar… también es una elección de identidad

Durante la adolescencia, elegir referentes es también elegir dirección. Aunque no te lo digan en voz alta, aunque no aparezca en la guía de orientación académica. Lo que miras con admiración moldea lo que crees que puedes ser.

Y ojo: esto no va de elegir “el mejor ejemplo”. Va de parar un momento y preguntarte si las personas que te inspiran hoy… te acercan o te alejan de quien quieres ser.

¿Te hacen sentir más libre?
¿Más conectada contigo?
¿O solo te generan ansiedad por no estar a la altura?

Puede doler darte cuenta de que alguien que admiras no te está haciendo bien. Pero también es un acto de madurez y autocuidado. De esos que no se ven, pero se sienten.

Elegir referentes no es rendirse a un molde. Es afinar tu brújula

No hace falta tenerlo todo claro. Pero sí puedes empezar a hacerte buenas preguntas:

  • ¿Qué valores tienen las personas que admiro?
  • ¿Por qué me atrae su forma de estar en el mundo?
  • ¿Qué partes de mí despiertan o apagan cuando me comparo con ellos?

Porque muchas veces no es que queramos “ser como” … sino que deseamos sentirnos como creemos que ellos se sienten: seguros, queridos, útiles, visibles, fuertes. Y ahí hay una pista. No del todo del otro… sino de ti.

¿Y si hoy eligieras un referente no por lo que tiene, sino por cómo se relaciona con el mundo?

Uno que te conecte. Que te anime a ser más tú, no una copia de nadie.

Uno que te recuerde que crecer no es aparentar, sino habitarte.

Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, afinando la mirada para elegir a quién mirar.


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