Hay momentos en los que parece que el mundo se derrumba: un suspenso inesperado, una discusión tonta, un plan que no sale como imaginabas. Y otros en los que todo parece explotar de alegría: una buena nota, un mensaje especial, un «sí» que esperabas con nervios.
En ambos casos, algo dentro se desborda. Y a veces, sin darnos cuenta, convertimos pequeños tropiezos en tragedias o pequeñas alegrías en expectativas imposibles.
Hoy quiero compartirte un truco sencillo, pero muy sabio, que puede ayudarte a poner cada cosa en su sitio.
No es para tanto… ni para tan poco
Rafael Santandreu lo explica en El arte de no amargarse la vida: Imagínate una escala del −10 al 10.
- −10: lo peor que te podría pasar (una tragedia enorme).
- 0: algo neutro, sin gran importancia.
- 10: un momento exultantemente maravilloso.
Cuando algo te altere, párate un segundo y pregúntate:
¿Qué nota realista le pondría?
Te peleaste con tu mejor amigo → sientes que es el fin del mundo. Pero si lo piensas, ¿es un −9 o un −3?
Recibes un mensaje de alguien que te gusta → te parece que ya está todo decidido. Pero, ¿es un 10 de felicidad o un 4 de alegría sana?
La mayoría de las cosas que nos afectan están entre el −4 y el 4… ¡Y eso no está ni mal ni bien! Es solo entender que no todo es una catástrofe, ni todo es épico.
La vida es, en su mayoría, pequeños +3 y −3. ¡Y eso también es vivir!
Cuando la calma es un acto de fuerza
Usar esta escala no es ser frío ni insensible. Es poner las emociones en perspectiva, no negarlas.
Cuando valoras un problema o un logro con realismo:
- No dramatizas cada pequeño fallo.
- No sobrecargas de expectativas cada éxito.
- No te pierdes en las olas. Aprendes a surfearlas.
¿Te imaginas lo que cambiaría si pudieras decirte:
«Vale, esto duele, pero no es un −10» o «Vale, esto alegra, pero la vida sigue»?
Esa calma no te hace sentir menos. Te hace sentir con menos drama y más presencia.
Otras herramientas que te sostienen
Este truco de «poner nota» se conecta con otras ideas que, juntas, forman una red invisible que te ayuda a vivir mejor:
Luchar contra la terribilitis
La «terribilitis» es ese hábito de convertir cualquier problema en una tragedia.
¿Un ejemplo?
- «He suspendido una evaluación, mi vida está arruinada.»
Aplicando la escala, ves que no es un −9, es un −4. Y un −4 se puede remontar.
Cuando entiendes que casi nada es tan horrible como parece, recuperas el control de tu vida.
Superar la necesititis
La «necesititis» es esa idea de que necesitas imperiosamente ciertas cosas para ser feliz.
¿Un ejemplo?
- «Necesito que me respondan ya.»
- «Necesito tener pareja para sentirme bien.»
Con la escala, descubres que esas cosas pueden ser un +3 o +4, pero no un +10 vital.
Puedes desear algo intensamente… sin que eso defina tu alegría.
Modificar tu diálogo interno
Tu voz interior puede ser tu mejor amiga o tu peor enemiga.
¿Un ejemplo?
- «Soy un desastre» vs. «Hoy no me salió bien, pero sigo aprendiendo.»
Poner nota a las cosas también ayuda a cambiar cómo te hablas. No todo es «fatal» o «increíble». Hay matices. Hay realismo. Hay compasión.
Aceptar la vida como es
No todo va a salir siempre perfecto. No todo será horrible siempre.
Aceptar que la vida tiene días de +3, días de −4, y hasta días de 0, ¡es aceptar que estás vivo!
¿Un ejemplo?
- No idealizar un fin de semana perfecto: si llueve, si algo cambia, sigue siendo vida. Sigue habiendo cosas buenas.
Cuando aprendes a ver con realismo, vives más tranquilo. Y también más agradecido.
Una pregunta para ti
¿Qué nota realista le pondrías hoy a eso que te pesa… o a eso que te ilusiona?
¿Y cómo cambiaría tu forma de vivirlo si pudieras verlo tal como es, sin agrandarlo ni aplastarlo?
Quizás la vida se vuelve un poco más habitable cuando dejas de hacer drama de todo… y también cuando dejas de hacer películas con cada alegría.
Quizás la clave esté en vivirlo todo, pero a su justa medida.

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