Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Ética. Elegir quién quieres ser

Camino de tierra al atardecer rodeado de campos y árboles, simbolizando las decisiones personales en la adolescencia.

A veces, la vida adolescente parece una serie interminable de decisiones: qué estudiar, cómo vestirte, con quién quedar, qué hacer cuando alguien dice algo que no te gusta, o cómo reaccionar cuando metes la pata.

Entre tantas opciones, es normal sentirse perdido o perdida. ¿Y sabes qué? Está bien. No tienes por qué tenerlo todo claro siempre.

Quizás exista algo que pueda ayudarte un poco a elegir mejor, algo parecido a una brújula suave, que no juzga sino que acompaña: a eso, algunas personas, lo llaman ética.

Elegir desde lo que realmente te importa

Fernando Savater, en su libro Ética para Amador, no presenta la ética como un conjunto de reglas aburridas o sermones incómodos. Al contrario, habla de ella como una especie de arte de vivir mejor.

¿Cómo funciona esto? Pues, por ejemplo, imagina que mañana tienes examen. Por un lado, te apetece quedarte toda la tarde con tus amistades porque lo vas a pasar genial. Pero, por otro lado, sabes que dedicar algo de tiempo a repasar te ayudará a estar más tranquilo o tranquila mañana.

La ética es justamente eso: aprender poco a poco a diferenciar entre lo que apetece ahora mismo y lo que realmente va a hacerte bien a largo plazo.

O piensa en algo más personal, como cuando alguien te provoca o te molesta en clase y sientes unas ganas tremendas de responderle mal. Pero también sabes que si lo haces, la situación empeorará y te sentirás mal después.

Tomar decisiones conscientes no significa que nunca te equivoques, sino que seas capaz de pensar con calma: ¿esto que voy a hacer me acerca a ser la persona que realmente quiero ser?

Ser auténtico o auténtica sin romper con todas las personas

Elegir con ética tampoco significa aislarte o enfrentarte continuamente al mundo. Más bien, implica encontrar tu voz, respetando la de los demás.

Supongamos que tu grupo de amistades empieza a hablar mal de alguien que no está. Quizás no estés de acuerdo, pero no dices nada para no sentirte fuera del grupo.

¿Qué pasaría si, con calma, dijeras lo que realmente piensas? Tal vez al principio sea incómodo, pero también puede ocurrir que inspires a otras personas a ser más honestas. Y si no pasa, al menos sentirás que has actuado de acuerdo contigo.

Ser auténtico o auténtica no siempre es cómodo, pero puede hacer que tus relaciones sean más sinceras y duraderas.

Recuerda, esto es solo una manera de verlo, no una regla que tengas que seguir al pie de la letra. Cada quien encuentra su forma, y está perfectamente bien si la tuya es distinta.

Cuestionar lo evidente (y lo popular)

A veces lo más fácil es hacer lo que hace la mayoría: llevar la ropa que todas las personas llevan, escuchar la música de moda o repetir las ideas populares de las redes sociales.

Pero la ética te invita a algo distinto: detenerte y preguntarte, «¿esto realmente va conmigo? ¿Me hace sentir bien de verdad?»

Pensar críticamente no significa rechazar todo, ni estar siempre en desacuerdo con el resto. Se trata de darte la oportunidad de decidir con tu propio criterio.

Quizás una serie o una tendencia te guste realmente, aunque sea muy popular. ¡Está genial! Pero si algo no te gusta o no encaja contigo, también está bien decir «esto no es para mí», aunque todo el mundo lo esté haciendo.

Vivir con coherencia, aunque sea complicado

Finalmente, intentar vivir con ética es, sobre todo, intentar que lo que piensas, dices y haces estén alineados.

Esto no es sencillo, ni siempre va a salir bien, porque todas las personas cometemos errores. Y eso también está bien.

No tienes que ser perfecto o perfecta para intentarlo. Cada vez que logras ser coherente contigo, sientes algo parecido a la paz y el orgullo personal.

Piensa en la satisfacción que sientes cuando ayudas a alguien sin esperar nada a cambio o cuando defiendes una idea en la que crees profundamente.

Eso es precisamente lo bonito de vivir con coherencia: aunque sean pequeños pasos, cada uno de ellos vale muchísimo.

¿Y tú? ¿Hay alguna decisión que quieras empezar a tomar con más calma y conciencia?

Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, desarrollando tu ética.


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