Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Donde aún late lo vivido

Un columpio vacío se balancea suavemente en un parque otoñal al atardecer, con hojas flotando en el aire y una luz dorada en el horizonte.

Hay momentos en los que todo cambia, aunque a simple vista nada se haya movido.
Perder a alguien —o algo— que amamos es una de esas veces.
El mundo sigue, sí. Pero dentro, algo se detiene. Algo busca su sitio en el hueco que ha quedado.

El dolor que sientes ahora es el reflejo del amor que viviste.
Duele porque importó.
Duele porque sigue importando.

El latido de la ausencia

Cuando alguien a quien queremos ya no está, no solo falta su presencia.
Falta su voz, sus gestos, su forma de estar en el mundo.

A veces lo que más pesa no es un recuerdo concreto, sino ese latido invisible que se ha apagado al lado nuestro.
Ese pequeño ritmo compartido que ahora resuena en silencio.

Y aunque ahora duela, sentir esa ausencia también es parte de seguir amando.

La memoria como refugio

Al principio, recordar puede doler más que ayudar.
Pero con el tiempo, algunos recuerdos se vuelven abrigo.
No para reemplazar lo perdido, sino para sostenerlo de otra manera.

Un gesto que se repite sin darnos cuenta.
Una frase que nos sale casi igual.
Una canción, un olor, una mirada.

Cada pequeño detalle que guardamos es una forma de seguir estando cerca.
De reconocer que el amor no se borra, aunque la presencia cambie.

Lo que permanece en nosotros

Nada de lo que fue importante desaparece de verdad.
Se transforma en algo que no siempre se ve, pero que se siente.

En la forma en que miramos al mundo.
En los valores que elegimos vivir.
En el modo en que cuidamos a quienes amamos ahora.

Todo lo que recibimos sigue latiendo en nosotros, incluso si hoy cuesta verlo.

Permitir que la vida respire en nosotros

No hay un mapa para atravesar el duelo.
Cada persona encuentra su ritmo.
A veces se avanza, a veces se retrocede, y a veces simplemente se respira.

No es necesario apurarse.
No hay que olvidar para seguir adelante.
Se trata, más bien, de aprender a caminar llevando el amor vivido como parte de nosotros.

Aunque ahora todo pese, tu pulso sigue ahí.
A su manera, sigue sosteniéndote.
Incluso en los días en que apenas puedes sentirlo.

Quizá hoy no encuentres respuestas claras.
Quizá solo necesites saber que en cada respiración, en cada pequeño gesto de ternura hacia ti mismo, algo de lo vivido sigue acompañándote.

Gracias por dejarme acompañarte en este tiempo tan frágil.
Gracias por seguir latiendo, a tu manera.


Descubre más desde Palabras que acompañan

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Deja un comentario