Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Cuidar: la elección silenciosa que cambia relaciones

Dos personas con capucha sentadas en un banco al atardecer, una con postura encogida de tristeza y otra acompañando en silencio, rodeados de niebla suave.

Hay un gesto casi invisible que puede cambiar un día. Una palabra dicha a tiempo, o un silencio cómodo que sostiene. A veces, convivir nos parece automático, inevitable, pero olvidamos que cada encuentro deja una huella: leve o profunda, dulce o dolorosa.

No se trata solo de estar. Se trata de cómo estamos.

No podemos no tocar

Si el ser humano está diseñado para vincularse, también está diseñado para afectar. Cada palabra, cada gesto, incluso cada ausencia, toca de alguna manera a quien tenemos cerca.

Algunas de esas huellas son semillas que germinan en forma de confianza, de consuelo, de alegría compartida. Otras, sin embargo, se convierten en cicatrices que cuesta olvidar.

Y aunque no podamos controlar del todo el efecto que causamos, sí podemos elegir la intención con la que nos acercamos.

Cuidar: un acto de valor

Cuidar no significa envolvernos en algodones ni callar lo que importa. Es algo más profundo y también más valiente: actuar sabiendo que nuestras acciones tienen peso.

Cuidar es detenerse antes de lanzar un comentario que puede herir. Es mirar más allá de la primera impresión. Es sostener, incluso cuando es más fácil apartar la mirada.

No siempre es cómodo. A veces, cuidar es ir contra corriente: decir «basta» cuando otros ríen de alguien, sentarse junto a quien quedó solo, hacer preguntas que abren refugios en vez de más heridas.

El daño que también elegimos

El bullying es la cara más visible de esa elección: cuando dañar se convierte en acto repetido, en norma de grupo, en herida social.

Pero dañar no es solo insultar o pegar. También es callar cuando deberíamos hablar. Es reír por pertenecer. Es ignorar el dolor ajeno por miedo a ser el siguiente.

Cada pequeña acción, cada omisión, va tejiendo el tipo de espacio que habitamos. Y aunque no siempre podamos cambiarlo todo, siempre podemos sumar un gesto de cuidado que abra grietas en el muro.

Una elección diaria

Cuidar es una elección silenciosa. Una que rara vez recibe aplausos, pero que deja huellas profundas.

No seremos perfectos. No siempre sabremos qué hacer. Pero cada vez que elegimos ser refugio en lugar de amenaza, cada vez que elegimos mirar en vez de apartar la vista, estamos construyendo el tipo de humanidad en la que da gusto vivir.

Quizás no podamos borrar todas las heridas. Quizás no podamos evitar todos los golpes invisibles. Pero sí podemos decidir qué huella dejamos nosotros.

¿Será una herida más… o un pequeño refugio en medio del ruido?

¿Y si hoy, al final del día, en vez de preguntarte «¿qué lograste?», te preguntaras: «¿A quién cuidé hoy?

Gracias por quedarte un rato conmigo. Ojalá también contigo, eligiendo ser abrigo en este mundo que a veces pincha.


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