Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Dejarse transformar

Roca solitaria en la orilla del mar al atardecer, con el mar calmo de fondo

Se acerca el final del curso. Y con él, esa mezcla agridulce de despedidas, cansancio y cierta urgencia por cerrar todo lo que quedó a medias. Pero este año, algo es distinto. Porque mientras los días corren hacia junio, siento que yo también me estoy transformando. Como si el verdadero inicio no hubiera sido en septiembre, sino hace apenas unas semanas, cuando decidí abrir este blog. Cuando elegí abrirme.

Desde entonces, estoy más conectado con voces que defienden la infancia y la adolescencia como lo que realmente son: personas en construcción. No como proyectos de adultos, ni como recipientes que rellenar. Sino como seres vivos, complejos, valientes. Con derecho a ser, sin que constantemente intentemos corregirlos.

Y cuanto más leo, más escucho, más me resuena algo dentro: qué distinto podría haber sido este curso. Este, el anterior… todos. Si hubiera tenido antes esta mirada que empieza a instalarse en mí con más fuerza que nunca.

Acompañar sin moldear, sostener sin aplastar

Empiezo a entender que no se trata de guiar a base de correcciones, sino de acompañar con presencia. De marcar límites cuando haga falta, sí, pero desde el cuidado, no desde el miedo. De ser ejemplo más que juez. De ser espacio más que directriz.

Porque somos animales sociales. Y crecemos en relación: con nosotros, con el entorno, con quienes nos cruzamos. Nada que hagamos, ni que digamos, queda solo en nosotros. Todo toca.

Y tal vez por eso me duele darme cuenta tarde. Me habría gustado vivir este curso desde el inicio con esta conciencia. Con esta serenidad. Con este deseo honesto de simplemente… estar. Pero también sé algo más: hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos en cada momento. Y en parte, se lo debo a ellos. A mis alumnos. Porque quizás fueron ellos los que, sin saberlo, me llevaron al punto justo desde el que pude empezar este blog, crear el perfil, y dejar que estos mensajes me encontraran.

Las clases se escapan… pero ellos no

Ahora, en estas semanas de cierre, veo sus caras tensas. Los nervios por los exámenes. Las prisas. Las dudas urgentes. Y veo, también, cómo el sistema les exprime en este sprint final, intentando medir con reglas de embudo todo lo que han aprendido. Como si lo importante fuera calzarse a presión los contenidos… y no lo que de verdad han vivido.

Yo ya sabía que este sistema está roto. Lo supe antes de entrar en él. Pero animarme a hacer lo que considero justo, incluso cuando no encaja con las directrices, eso lo estoy empezando ahora. Y sí: me apena no haberme atrevido antes.

Aun así, lo intento. Busco cualquier excusa para mirarles más de cerca. Para quedarme un rato. Para estar. Porque sé que eso, al final, es lo más importante. No los discursos. No los programas. Estar. Ser roca contra la que puedan chocar, pero también encontrar descanso. Ser presencia firme, no rígida. Moldeable por sus idas y venidas, por su energía, por su confusión. Y que al rozarnos, algo de mí también se transforme.

Tal vez eso es lo que más me ha enseñado este curso: que no llegamos a clase a enseñar solo. Llegamos, también, a aprender quiénes somos cuando nos atrevemos a mirar con otros ojos.

Aprender a ver… sin manual de instrucciones

A veces pienso que qué pena no nacer con un manual bajo el brazo. Que nos diga cómo vivirnos mejor. Cómo acompañarnos sin perdernos. Cómo sentir sin miedo. Pero tal vez, justo ahí esté la belleza: en descubrirlo paso a paso. En llegar tarde, pero llegar. En agradecer poder sentirlo ahora, aunque no haya sido antes.

El final de curso se acerca. Y yo, con todos estos pensamientos que me habitan, intento no perderme el presente. Ese aquí y ahora que tanto predico. Que tanto sé que nos sostiene. Lucho por quedarme en él. Por seguir disfrutando, aunque el reloj apremie.

Y sí, lo confieso con una sonrisa: qué barato salgo cuando todo lo que quiero es esto.

Estar. Sentir. Acompañar. Seguir viendo.

¿Y tú? ¿Qué aprendiste este curso que aún no sabías que necesitabas aprender?

Gracias por dedicarme un rato. Con tiza, corazón y preguntas.


Descubre más desde Palabras que acompañan

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Deja un comentario