Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Tu cuerpo también está estudiando

Cama deshecha con luz dorada entrando por la ventana, un cuaderno cerrado y unas gafas descansan sobre las sábanas.

Ya ha llegado esa semana.

La de los exámenes finales. La de los apuntes en mano todo el día, los horarios raros, el estómago un poco revuelto. Hay quien lo lleva con humor, y hay quien ya tiene el nudo instalado en la garganta desde hace días.

Y es normal.

Porque aunque tengas todo apuntado, aunque hayas repasado con tiempo, hay algo que no siempre se cuenta: que incluso cuando estás sentado estudiando… hay otra parte de ti haciendo un esfuerzo enorme.

Tu cuerpo también está estudiando.

Y si no lo escuchas, puede que acabe gritando de las peores formas: agotamiento, bloqueo, lagrimilla inesperada en mitad de la tarde, o de la clase.

A veces no es el examen lo que pesa, sino todo lo que está alrededor

Hay momentos en los que estás tan saturado, saturada que hasta respirar se siente tenso. Te molesta el ruido, te cuesta dormir, y a veces te da por comer lo primero que pillas o no comer nada.

No es raro. No estás fallando. Simplemente estás sobrecargada, sobrecargado.

Y es que no somos solo cabeza. Somos cuerpo, somos piel, somos entrañas. Y todo eso también se cansa.

Por eso, aunque parezca que parar es «perder tiempo», muchas veces es justo lo que necesitas para volver a funcionar.

No hace falta llegar a todo para que todo salga bien

Hay una idea que se repite mucho: la de darlo TODO. Como si no descansar, no soltar, no decir «hasta aquí llego» fuera una especie de medalla invisible.

Pero, ¿y si en lugar de eso eligieras aflojar donde puedes, para cuidar donde lo necesitas?

A veces, dejar pasar un tema que ya llevas medio seguro, te permite repasar mejor ese otro que te da más respeto. U olvidarte de uno que no hay forma humana de entender, para ganar aire y energía donde sí puedes construir algo. A veces, dormir una hora más te salva de pasarte la mañana con la cabeza flotando. A veces, decir «hoy paro» es justo lo que hace falta para no estallar el jueves.

No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de hacerlo posible. Y con sentido.

Vivir de achuchones… también cansa

Quizá hayas escuchado eso de «tú aprieta estos días, ya descansarás luego». Y bueno, a veces sirve. Hay quien rinde bien en esos empujones finales.

Pero la verdad es que si solo sabes funcionar a base de sobresfuerzo… el cuerpo lo aprende. Y luego, sin darte cuenta, lo aplicas a todo: estudiar, amar, trabajar, vivir.

Te acostumbras a dejarte para después. A darte solo cuando ya no queda otra. A pasar la vida como quien corre con la lengua fuera, por si acaso.

Y vivir así no sale  gratis. Qué pena sería llegar a los 40, 50 o 60… y al mirar atrás, darte cuenta de que todo fueron carreras. De que nunca te diste permiso para vivir serenamente. 

Estudiar también es saber administrarte

Puedes hacer mucho. Pero no todo a la vez. Y eso no te hace menos. Te hace realista. Porque no eres una máquina. Eres un ser humano. Imperfecto, imperfecta, como los y las demás.

Puedes dar un poco menos en lo que ya controlas, para cuidar lo que te cuesta. Puedes descansar sin sentir que estás perdiendo el tiempo. Puedes parar un rato hoy, para poder seguir mañana sin romperte.

Eso también es inteligencia. Eso también es cuidarte. Y, a la larga, más importante que una media de sobresaliente.

Esta semana, ¿estás contigo o contra ti?

No hace falta hacer rituales zen ni comerte el mundo. A veces basta con cosas pequeñas:

  • Apagar el móvil media hora antes de dormir.
  • Comer algo que te sienten bien. Que te dé energía de la buena.
  • Estudiar sentado y no tirado en la cama.
  • Salir a la calle cinco minutos. Sentir el aire. Estirar las piernas, espalda y cuello.
  • Respirar antes de ponerte. Respirar cuando termines.
  • Agradecer que, pese a todo, estás en esa parte del mundo en la que los exámenes finales son considerados «un drama».

No es magia. Es respeto.

¿Y si esta vez no te exiges como si fueras de acero? ¿Y si eliges escucharte un poco más, acompañarte un poco mejor, sostenerte mientras atraviesas esto?

Puede que esa sea la diferencia entre salir quemado, quemada… o salir sabiendo que puedes con esto. Y que puedes hacerlo contando contigo.

Gracias por leer. Con tiza, corazón… y preguntas.


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