Palabras que acompañan

Reflexiones desde la tutoría, con el corazón puesto en el alumnado, la familia y la vida.

Cuando empieza el viaje de verdad

Camino de tierra entre árboles al amanecer, con niebla suave y luz dorada: metáfora del inicio de una nueva etapa.

Esta entrada nace de unas palabras que escribí para quienes, hace cuatro cursos, iniciaron conmigo su etapa de secundaria. Fueron mi primera tutoría el curso pasado. Esta semana se gradúan, y aunque este curso ya no hemos compartido aula a diario, no quería cerrar este ciclo sin dejarles algo escrito. Para ellos. Y para cualquiera que esté viviendo un momento de cambio.


Hay momentos que marcan. No traen fuegos artificiales, ni pancartas. Pero sí una sensación clara: esto ya no es (o no va a ser) lo de antes.

A veces ese momento llega al cerrar una etapa. A veces es solo una conversación, una elección, una intuición. Un cruce de caminos donde empieza el viaje de verdad: el que eliges tú.

La vida empieza a pedirte respuestas nuevas

Un día te das cuenta de que ya no todo está decidido por otros. Que empieza esa primera tanda de decisiones que parecen grandes: ¿Qué estudiar? ¿Dónde? ¿Con quién?

Y otras decisiones no figuran en los currículos ni en los exámenes, pero pesan igual o más:

¿Me saco el carnet de la moto?
¿Le digo que sí a esa persona?
¿Cambio de grupo, de hábitos, de mirada?
¿Hago eso que me piden para encajar… o me escucho?

Y justo ahí, en esa mezcla de vértigo y posibilidad, se abre un camino que da miedo y emoción a partes iguales.

Ya eres suficiente. De verdad.

Ojalá te quede grabado algo que no siempre nos dicen, pero que deberíamos repetirnos cada mañana: tú, así como estás, ya eres suficiente. Ya eres valioso, valiosa. Por ser capaz de dar y recibir amor. Por quedarte cuando alguien lo necesita. Por compartir aunque nadie te lo pida. Por callar a tiempo o por atreverte a hablar.

No necesitas hacer méritos para que te quieran. No necesitas que todos lo vean. Ni siquiera necesitas tenerlo todo claro. Solo recordarte que el amor no se merece. Se comparte. Y tú puedes hacerlo. Solo por eso… ya eres valiosa, valioso.

Y si hay alguien que no lo ve, qué pena. Pero no es tu culpa.

No todo va contigo. Deja de cargar con tanto.

La verdad es que no todo lo que pasa cerca de ti… va contigo. Hay personas que hieren sin querer. Que actúan raro porque no saben hacerlo mejor. Que se alejan porque están luchando con cosas que tú no puedes ver.

No te lo tomes todo como algo personal. A veces, soltar esa idea es lo que más te cuida por dentro. Y lo que más te permite respirar.

Decide desde dentro. Siempre que puedas.

Ahora te toca decidir más cosas. Algunas grandes. Otras pequeñas. Y hay algo que nadie puede hacer por ti: convivir con esas decisiones.

Tu madre, tu padre, tus colegas… pueden opinar, acompañar, aplaudir o enfadarse. Pero solo tú te vas contigo a todas partes. Así que intenta que tus decisiones te representen.

Equivócate, claro. Forma parte del viaje. Pero que tus errores, al menos, sean tuyos. Que puedas mirarte al espejo sin sentir que vives una vida prestada. Y si algo no sale bien, que al menos sea aprendiendo. Siempre tendrás a donde volver: a tu casa, a tu gente, a tu propia piel.

Y recuerda el poder que tienen tus palabras

A veces usamos las palabras como si no importaran. Como si fueran aire. Pero no. Las palabras son semillas. Son flechas. Son abrazos o cuchillas. Son puentes o muros.

Cuidado con cómo te hablas. Con lo que te dices por dentro cuando algo no sale. Porque hay una voz que te va a acompañar siempre: la tuya. Y esa voz, si es compasiva, te puede salvar.

Como decía Dumbledore:
«Las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia. Capaces tanto de infligir daño como de remediarlo.»

Y créeme: remediar desde el cariño es una magia que se entrena.

Gracias chic@s.

Tal vez no lo dije con todas las letras en su momento, pero quiero que lo sepáis: acompañaros fue un regalo. Aprendí tanto o más que vosotros y vosotras. Me ayudasteis a ser mejor profe. Mejor persona, incluso. Me enseñasteis que crecer juntos —aunque no siempre haya sido fácil— deja huellas que se quedan.

Y si hoy sientes que algo termina… también empieza otra cosa. Algo tuyo. Algo nuevo.

¿Y tú? ¿Cómo vas a empezar este próximo tramo?

Gracias por quedarte un rato conmigo.
Ojalá también contigo, decidiendo desde dentro.


Descubre más desde Palabras que acompañan

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Deja un comentario