Hay encuentros que parecen pequeños, pero se quedan latiendo mucho tiempo. No porque sean espectaculares, sino porque iluminan algo que no sabías que estaba a oscuras.
Un hallazgo que transforma
Hace unos años conocí a una osteópata que, sin exagerar, ha sido un hallazgo enorme para mí y para mi familia. Es directa. Habla claro. No se limita a tratar un dolor: busca acompañarte a sanar… y a seguir adelante.
Hace unas semanas tuvimos una sesión con ella, mi esposa y yo. Como en otras ocasiones, ocurrió “esa” cosa difícil de explicar: esa sensación de que algo se recoloca por dentro. Charlábamos sobre su intuición para “sentir” qué tipo de manos tienen las personas. Y entonces me preguntó por qué la portada de Palabras que acompañan era una mano.
Le conté que era la mía, con mis pulseras, porque mi alumnado de tutoría conocía el significado de cada una. Que, de algún modo, ese mensaje silencioso también acompaña, como espero que haga todo lo que hay en el libro. Un rato después, le conté el significado de cada pulsera. Cuando llegué al memento mori —mi brazalete—, ella comentó casi al pasar: «Ah, de eso también habla Los cuatro acuerdos.»
La frase se quedó flotando.
Lo que enciende un simple comentario
Al día siguiente, mientras buscaba libros que Marta quería para sus vacaciones, recordé ese título. Lo busqué, me atrapó… y lo compré. Lo leí dos veces en menos de dos semanas. Pero lo importante no es el libro.
Es el eco de ese momento en la consulta: cuando te cruzas con personas que son luz, suceden cosas. A veces parecen insignificantes —como un simple comentario—, pero abren caminos que no habrías visto de otra forma.
Y por cosas como estas creo que elegir con cuidado con quién compartes tu tiempo y tu energía es también una forma de autocuidado. Lo que ves, oyes y sientes acaba moldeando tu manera de vivir. Si lo que te rodea te llena de calma, inspiración o claridad, tu vida empieza a alinearse con ello.
Seleccionar qué dejamos entrar
En el mundo digital, el riesgo es aún mayor: cualquiera puede lanzar mensajes, teniendo en cuenta, o no, el efecto que tendrán. Por eso, más que nunca, considero que necesitamos seleccionar muy bien lo que consumimos en redes. Decidir a quién dejamos entrar, quién influye en nuestro ánimo, qué voces dejamos resonar en nosotros. Cómo las repetimos en nuestra cabeza.
Así que, piensa en tu vida: ¿quiénes son esas personas que son luz para ti? ¿Recuerdas algún momento grande que empezara con algo pequeño? ¿Te das permiso para seguir tu intuición y abrirte a esos encuentros?
Porque, al final, las relaciones que cultivamos son también el lugar donde nos construimos. Y cuidarlas es otra forma de cuidarnos.
Creo que merece la pena darle una vuelta a cómo y con quién pasamos tiempo.
Gracias por leer. Con tiza, corazón… y preguntas.

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